mām upetya punar janma
duḥkhālayam aśāśvatam
nāpnuvanti mahātmānaḥ
saḿsiddhiḿ paramāḿ gatāḥ
mām — a Mí; upetya — llegando; punaḥ — de nuevo; janma — nacimiento; duḥkha-ālayam — lugar de sufrimientos; aśāśvatam — temporal; na — nunca; āpnuvanti — logran; mahā-ātmānaḥ — las grandes almas; saṁsiddhim — perfección; paramām — máxima; gatāḥ — habiendo logrado.
Como este temporal mundo material está lleno de los sufrimientos del nacimiento, la vejez, las enfermedades y la muerte, aquel que logra la máxima perfección y llega al planeta supremo, Krsnaloka, Goloka Vrndavana, naturalmente no desea regresar. Al planeta supremo se lo describe en la literatura védica como avyakta, aksara y parama-gati; en otras palabras, ese planeta se encuentra fuera del alcance de nuestra visión material y es inexplicable, pero es la máxima meta, el destino de los mahatmas (las grandes almas). Los mahatmas reciben mensajes trascendentales de labios de los devotos iluminados, y de ese modo se desarrolla en ellos gradualmente el servicio devocional con conciencia de Krsna; y ellos quedan tan absortos en el servicio trascendental, que dejan de desear elevarse a ninguno de los planetas materiales, y ni siquiera quieren ser trasladados a ningún planeta espiritual. Ellos sólo quieren a Krsna y la compañía de Krsna, y nada más. Ésa es la máxima perfección de la vida. Este verso menciona específicamente a los devotos personalistas del Señor Supremo, Krsna. Estos devotos en estado de conciencia de Krsna logran la máxima perfección de la vida. En otras palabras, ellos son las almas supremas.