ihaiva tair jitaḥ sargo
yeṣāḿ sāmye sthitaḿ manaḥ
nirdoṣaḿ hi samaḿ brahma
tasmād brahmaṇi te sthitāḥ
iha — en esta vida; eva — ciertamente; taiḥ — por ellos; jitaḥ — conquistado; sargaḥ — nacimiento y muerte; yeá¹£Äm — cuyo; sÄmye — con ecuanimidad; sthitam — situado; manaḥ — mente; nirdoá¹£am — intachable; hi — ciertamente; samam — con ecuanimidad; brahma — como el Supremo; tasmÄt — por lo tanto; brahmaṇi — en el Supremo; te — ellos; sthitÄḥ — están situados.
La ecuanimidad de la mente, tal como se acaba de mencionar, es el signo caracterÃstico de la autorrealización. Se debe considerar que aquellos que en verdad han llegado a esa etapa, han conquistado las condiciones materiales, especÃficamente el nacimiento y la muerte. Mientras uno se identifique con este cuerpo, se lo considera un alma condicionada, pero en cuanto uno se eleva a la etapa de la ecuanimidad a través de la perfecta comprensión del ser, se libera de la vida condicionada. En otras palabras, uno deja de estar sujeto a nacer en el mundo material, y, en vez de ello, puede entrar en el cielo espiritual después de su muerte. El Señor es intachable, porque en Él no hay atracción ni odio. De igual modo, cuando una entidad viviente no siente atracción ni odio, también se vuelve intachable y merecedora de entrar en el cielo espiritual. Se debe considerar que esa clase de personas ya están liberadas, y sus caracterÃsticas se describen a continuación.