nādatte kasyacit pāpaḿ
na caiva sukṛtaḿ vibhuḥ
ajñānenāvṛtaḿ jñānaḿ
tena muhyanti jantavaḥ
na — nunca; Ädatte — acepta; kasyacit — de nadie; pÄpam — pecado; na — ni; ca — también; eva — ciertamente; su-ká¹›tam — actividades piadosas; vibhuḥ — el Señor Supremo; ajñÄnena — por ignorancia; Ävá¹›tam — cubierto; jñÄnam — conocimiento; tena — con eso; muhyanti — están confundidas; jantavaḥ — las entidades vivientes.
La palabra sánscrita vibhuh se refiere al Señor Supremo, quien está colmado de ilimitado conocimiento, riquezas, fuerza, fama, belleza y renunciación. Él siempre está satisfecho en Sà mismo, sin que lo perturben las actividades pecaminosas o piadosas que se realizan. Él no crea una determinada situación para ninguna entidad viviente, pero la entidad viviente, confundida por la ignorancia, desea ser puesta en ciertas condiciones de vida, y con ello comienza su cadena de acción y reacción. Por su naturaleza superior, la entidad viviente está colmada de conocimiento. No obstante, debido a su limitado poder, es propensa a ser influida por la ignorancia. El Señor es omnipotente, pero la entidad viviente no lo es. El Señor es vibhu, u omnisciente, pero la entidad viviente es anu, o atómica. Como ella es un alma viviente, tiene la capacidad de desear por medio de su libre albedrÃo. Ese deseo lo cumple únicamente el omnipotente Señor. Y, asà pues, cuando la entidad viviente se confunde en sus deseos, el Señor le permite complacerlos, pero Él nunca es responsable por las acciones y reacciones de la situación especÃfica que pueda desearse. Por consiguiente, como el alma encarnada se encuentra en una condición confundida, se identifica con el cuerpo material circunstancial, y queda supeditada al sufrimiento y la felicidad temporal que hay en la vida. El Señor, en la forma de Paramatma, o la Superalma, es el compañero constante de la entidad viviente, en virtud de lo cual puede darse cuenta de los deseos del alma individual, tal como uno puede oler el aroma de una flor al estar cerca de ella. El deseo es una forma sutil de condicionamiento para la entidad viviente. El Señor le satisface el deseo según ella lo merezca: “el hombre propone y Dios disponeâ€. Por lo tanto, el individuo no es omnipotente en lo que respecta a complacer sus deseos. Sin embargo, el Señor puede cumplir todos los deseos, y como Él es imparcial con todos, no se interfiere en los deseos de las diminutas e independientes entidades vivientes. No obstante, cuando uno desea a Krsna, el Señor se ocupa de uno de un modo especial, y lo anima a tener deseos por los que uno pueda llegar a Él y ser feliz eternamente. Los himnos védicos declaran, pues: esa u hy eva sadhu karma karayati tam yam ebhyo lokebhya unninisate esa u evasadhu karma karayati yam adho ninisate, “El Señor ocupa a la entidad viviente en actividades piadosas, para que ella se pueda elevar. El Señor la ocupa en actividades impÃas, de modo que ella pueda irse al infierno†(Kausitaki Up. 3.8).
ajño jantur aniso ’yam atmanah sukha-duhkhayoh
isvara-prerito gacchet svargam vasvabhram eva ca
“La entidad viviente es completamente dependiente en su aflicción y en su felicidad. Por la voluntad del Supremo puede ir al cielo o al infierno, tal como una nube es llevada por el aireâ€.
De modo que, el alma encarnada, debido a su deseo inmemorial de eludir el estado de conciencia de Krsna, causa su propia confusión. En consecuencia, aunque por constitución ella es eterna, bienaventurada y sapiente, debido a la pequeñez de su existencia olvida su posición constitucional de servicio al Señor, y queda atrapada asà por la nesciencia. Y, bajo el hechizo de la ignorancia, la entidad viviente alega que el Señor es responsable de su existencia condicionada. Los Vedanta-sutras (2.1.34) también confirman eso. Vaisamya-nairghrnye na sapeksatvat tatha hi darsayati: “El Señor ni odia ni quiere a nadie, aunque parezca que lo hicieraâ€.