ye me matam idaḿ nityam
anutiṣṭhanti mānavāḥ
śraddhāvanto 'nasūyanto
mucyante te 'pi karmabhiḥ
ye — aquellos que; me — MÃ; matam — mandamientos; idam — estos; nityam — como una función eterna; anutiá¹£á¹hanti — ejecutan regularmente; mÄnavÄḥ — humanidad; Å›raddhÄ-vantaḥ — con fe y devoción; anasÅ«yantaḥ — sin envidia; mucyante — se liberan; te — todos ellos; api — incluso; karmabhiḥ — del cautiverio de la ley de la acción fruitiva.
El mandato de la Suprema Personalidad de Dios, Krsna, constituye la esencia de toda la sabidurÃa védica, y, por lo tanto, es verdadero eternamente y sin excepción. Asà como los Vedas son eternos, asà mismo esta verdad de conciencia de Krsna es también eterna. Uno debe tener fe firme en ese mandato, sin envidiar al Señor. Hay muchos filósofos que escriben comentarios acerca del Bhagavad-gita, pero que no tienen fe en Krsna. Ellos nunca se liberarán del cautiverio de la acción fruitiva. Pero un hombre ordinario que tenga fe firme en los mandatos eternos del Señor, aunque sea incapaz de ejecutar esas órdenes, queda liberado del cautiverio de la ley de karma. Al comienzo del cultivo de conciencia de Krsna puede que uno no ejecute cabalmente los mandatos del Señor, pero por el hecho de uno no estar resentido con ese principio y trabajar sinceramente, sin tomar en cuenta derrota ni pesimismo alguno, es seguro que será promovido a la etapa de conciencia de Krsna pura.