sañjaya uvāca
evam uktvā hṛṣīkeśaḿ
guḍākeśaḥ parantapaḥ
na yotsya iti govindam
uktvā tūṣṇīḿ babhūva ha
sañjayaḥ uvÄca — Sañjaya dijo; evam — asà pues; uktvÄ â€” hablando; hṛṣīkeÅ›am — a Kṛṣṇa, el amo de los sentidos; guá¸ÄkeÅ›aḥ — Arjuna, el maestro en suprimir la ignorancia; parantapaḥ — el castigador de los enemigos; na yotsye — no pelearé; iti — asà pues; govindam — a Kṛṣṇa, el que les da placer a los sentidos; uktvÄ â€” diciendo; tūṣṇīm — callado; babhÅ«va — se volvió; ha — indudablemente.
Dhrtarastra debió haberse sentido muy contento al enterarse de que Arjuna no iba a pelear, y que, por el contrario, iba a abandonar el campo de batalla para dedicarse a la mendicidad. Pero Sañjaya lo desilusionó una vez más, al decirle que Arjuna estaba en capacidad de matar a sus enemigos (parantapah). Aunque Arjuna se hallaba dominado momentáneamente por una falsa aflicción causada por el afecto familiar, no obstante se entregó a Krsna, el maestro espiritual supremo, en calidad de discÃpulo. Esto indica que pronto se liberarÃa de la falsa lamentación provocada por el afecto familiar, y serÃa iluminado con el conocimiento perfecto de la autorrealización, o el estado de conciencia de Krsna, y entonces, con toda certeza, pelearÃa. Asà pues, el júbilo de Dhrtarastra se verÃa frustrado, pues Krsna iluminarÃa a Arjuna, y éste pelearÃa hasta el final.