na caitad vidmaḥ kataran no garīyo
yad vā jayema yadi vā no jayeyuḥ
yān eva hatvā na jijīviṣāmas
te 'vasthitāḥ pramukhe dhārtarāṣṭrāḥ
na — ni; ca — también; etat — esto; vidmaḥ — sabemos; katarat — lo cual; naḥ — para nosotros; garÄ«yaḥ — mejor; yat vÄ â€” si; jayema — conquistemos; yadi — si; vÄ â€” o; naḥ — nosotros; jayeyuḥ — ellos conquisten; yÄn — aquellos que; eva — ciertamente; hatvÄ â€” matando; na — nunca; jijÄ«viá¹£Ämaḥ — querrÃamos vivir; te — todos ellos; avasthitÄḥ — estan ubicados; pramukhe — en el frente; dhÄrtarÄá¹£á¹rÄḥ — los hijos de Dhá¹›tarÄá¹£á¹ra.
Aunque los ksatriyas tienen el deber de pelear, Arjuna no sabÃa si debÃa hacerlo y provocar con ello una violencia innecesaria, o si debÃa abstenerse y vivir de la mendicidad. Si él no vencÃa al enemigo, mendigar serÃa su único medio de subsistencia. Y tampoco habÃa certeza del triunfo, porque cualquiera de los dos bandos podÃa lograr la victoria. Aun cuando les aguardara la victoria (y su causa estaba justificada), no obstante, si los hijos de Dhrtarastra morÃan en la batalla, serÃa muy difÃcil vivir en su ausencia. Ante tales circunstancias, eso serÃa para ellos otra clase de derrota. Todas estas consideraciones que hace Arjuna prueban de un modo definitivo que él no sólo era un gran devoto del Señor, sino que, además, estaba sumamente iluminado y tenÃa pleno control de la mente y los sentidos. Su deseo de vivir de la mendicidad, pese a haber nacido en la familia real, es otro signo de desapego. Él era verdaderamente virtuoso, tal como lo indican estas cualidades, unidas a su fe en las palabras de instrucción de Sri Krsna (su maestro espiritual). Se concluye, pues, que Arjuna era muy digno de liberarse. A menos que los sentidos se hallen bajo control, no hay ninguna posibilidad de elevarse al plano del conocimiento, y sin conocimiento y devoción no hay ninguna posibilidad de lograr la liberación. Arjuna era un dechado de todos estos atributos, además de los enormes atributos que poseÃa en sus relaciones materiales.