yāvān artha udapāne
sarvataḥ samplutodake
tāvān sarveṣu vedeṣu
brāhmaṇasya vijānataḥ
yÄvÄn — todo eso; arthaḥ — tiene por objeto; uda-pÄne — en un pozo de agua; sarvataḥ — en todos los aspectos; sampluta-udake — en un gran depósito de agua; tÄvÄn — de modo similar; sarveá¹£u — en todas; vedeá¹£u — Escrituras védicas; brÄhmaṇasya — del hombre que conoce el Brahman Supremo; vijÄnataḥ — que tiene pleno conocimiento.
Los rituales y sacrificios que se mencionan en la división karma-kanda de la literatura védica, tienen por objeto fomentar el desarrollo gradual de la autorrealización. Y la finalidad de la autorrealización se expresa claramente en el CapÃtulo Quince de el
Bhagavad-gita (15.15): el propósito del estudio de los Vedas es el de conocer al Señor Krsna, la causa primordial de todo. Asà pues, autorrealización significa comprender a Krsna y la relación eterna que uno tiene con Él. La relación que las entidades vivientes tienen con Krsna, también se menciona en el CapÃtulo Quince del Bhagavad-gita (15.7). Las entidades vivientes son partes integrales de Krsna; por lo tanto, que la entidad viviente individual reviva su conciencia de Krsna, constituye la máxima etapa de la perfección del conocimiento védico. Eso se confirma en el Srimad-Bhagavatam (3.33.7) de la siguiente manera:
aho bata svapaco ’to gariyan
yaj-jihvagre vartate nama tubhyam
tepus tapas te juhuvuh sasnur arya
brahmanucur nama grnanti ye te
“¡Oh, mi Señor!, la persona que canta Tu santo nombre, aunque haya nacido en una familia baja, tal como la de un candala [persona que come perros], se encuentra en el plano máximo de la autorrealización. Una persona tal debe de haber realizado toda clase de penitencias y sacrificios conforme a los rituales védicos, y debe de haber estudiado las Escrituras védicas muchÃsimas veces, después de bañarse en todos los lugares sagrados de peregrinaje. Se considera que una persona como ésa es el mejor miembro de la familia ariaâ€.
Asà que, uno debe ser lo suficientemente inteligente como para entender la finalidad de los Vedas, sin estar apegado únicamente a los rituales, y no debe desear ser elevado a los reinos celestiales en busca de una complacencia sensual de mejor calidad. No es posible que el hombre común de esta época siga todas las reglas y regulaciones de los rituales védicos, ni tampoco es posible estudiar a fondo el Vedanta y los Upanisads. Ejecutar las órdenes de los Vedas requiere de mucho tiempo, energÃa, conocimiento y recursos. Ello a duras penas es posible en esta era. La mejor finalidad de la cultura védica se cumple, no obstante, mediante el canto del santo nombre del Señor, tal como lo recomienda el Señor Caitanya, el redentor de todas las almas caÃdas. Cuando Prakasananda Sarasvati, un gran erudito védico, le preguntó al Señor Caitanya que por qué estaba cantando el santo nombre del Señor como un sentimental en vez de estudiar la filosofÃa vedanta, el Señor le respondió que Su maestro espiritual habÃa concluido que Él era un gran tonto, y que por ello le habÃa pedido que cantara el santo nombre del Señor Krsna. Él lo hizo, y eso lo puso en un estado de éxtasis tal, que parecÃa haberse vuelto loco. En esta era de Kali, la mayor parte de la población es tonta y no está debidamente educada para entender la filosofÃa vedanta; la mejor finalidad de la filosofÃa vedanta se cumple al cantar sin ofensas el santo nombre del Señor. El Vedanta es la última palabra en sabidurÃa védica, y el Señor Krsna es el autor y el conocedor de la filosofÃa vedanta; y el vedantista más elevado de todos es la gran alma que encuentra placer en cantar el santo nombre del Señor. Ése es el fin último de todo el misticismo védico.