yadṛcchayā copapannaḿ
svarga-dvāram apāvṛtam
sukhinaḥ kṣatriyāḥ pārtha
labhante yuddham īdṛśam
yadá¹›cchayÄ â€” por su propia cuenta; ca — también; upapannam — llegado a; svarga — de los planetas celestiales; dvÄram — puertas; apÄvá¹›tam — abiertas de par en par; sukhinaḥ — muy feliz; ká¹£atriyÄḥ — los miembros de la orden real; pÄrtha — ¡oh, hijo de Pá¹›thÄ!; labhante — logran; yuddham — guerra; Ä«dṛśam — como ésta.
El Señor Krsna, en su carácter de supremo maestro del mundo, condena la actitud de Arjuna, quien dijo: “No encuentro bien alguno en esta pelea. Ella será motivo de una permanencia perpetua en el infiernoâ€. Esa clase de afirmaciones que Arjuna hizo, se debÃan únicamente a la ignorancia. Él querÃa volverse no violento en el desempeño de su deber especÃfico. Para un ksatriya, estar en el campo de batalla y volverse no violento es filosofÃa de tontos. En el Parasara-smrti, o los códigos religiosos que hizo Parasara, el gran sabio y padre de Vyasadeva, se declara:
ksatriyo hi praja raksan sastra-panih pradandayan
nirjitya para-sainyadi ksitim dharmena palayet
“El deber del ksatriya consiste en proteger a los ciudadanos de toda clase de dificultades, y por esa razón él tiene que emplear la violencia en casos que lo requieran, para mantener la ley y el orden. Por consiguiente, él tiene que conquistar a los soldados de los reyes enemigos, y de esa manera gobernar el mundo con principios religiososâ€.
Considerando todos los aspectos, Arjuna no tenÃa razón para abstenerse de pelear. En el caso de que conquistara a sus enemigos, disfrutarÃa del reino, y, si morÃa en la batalla, serÃa elevado a los planetas celestiales, cuyas puertas se hallaban abiertas para él de par en par. En cualquiera de los casos, pelear le resultarÃa provechoso.