ya enaḿ vetti hantāraḿ
yaś cainaḿ manyate hatam
ubhau tau na vijānīto
nāyaḿ hanti na hanyate
yaḥ — quienquiera que; enam — éste; vetti — sabe; hantÄram — el que mata; yaḥ — quienquiera que; ca — también; enam — éste; manyate — cree; hatam — matado; ubhau — ambos; tau — ellos; na — nunca; vijÄnÄ«taḥ — tienen conocimiento; na — nunca; ayam — éste; hanti — mata; na — no; hanyate — es matado.
Cuando a una entidad viviente encarnada la hieren armas mortales, ha de saberse que la entidad viviente que está dentro del cuerpo no es matada. El alma espiritual es tan pequeña, que es imposible matarla con ningún arma material, tal como se hará obvio con los versos subsiguientes. Y la entidad viviente tampoco es susceptible de ser matada, debido a su constitución espiritual. Lo que se mata, o que se supone que se mata, es únicamente el cuerpo. Esto, sin embargo, no alienta en absoluto a matar el cuerpo. El mandamiento védico dice: ma himsyat sarva- bhutani, nunca agredas a ningún cuerpo. Y la comprensión de que a la entidad viviente no se la mata, tampoco fomenta la matanza de animales. Matar el cuerpo de cualquiera sin la autoridad para hacerlo es abominable, y es un hecho punible tanto en la ley del Estado como en la ley del Señor. A Arjuna, no obstante, se le está haciendo matar por el principio religioso, y no caprichosamente.