yaḿ hi na vyathayanty ete
puruṣaḿ puruṣarṣabha
sama-duḥkha-sukhaḿ dhīraḿ
so 'mṛtatvāya kalpate
yam — aquel a quien; hi — indudablemente; na — nunca; vyathayanti — afligen; ete — todos estos; puruá¹£am — a una persona; puruá¹£a-ṛṣabha — ¡oh, tú, el mejor entre los hombres!; sama — inalterable; duḥkha — en la aflicción; sukham — y la felicidad; dhÄ«ram — paciente; saḥ — él; amá¹›tatvÄya — para la liberación; kalpate — se le considera merecedor.
Todo aquel que se mantenga firme en su determinación de alcanzar la etapa avanzada de la iluminación espiritual, y que, además, pueda tolerar los embates de la aflicción y la felicidad, es indudablemente una persona merecedora de la liberación. En la institución varnasrama, la cuarta etapa de la vida, es decir, la orden de renuncia (sannyasa), constituye una situación difÃcil. Pero aquel que realmente quiere perfeccionar su vida, adopta sin duda la orden de vida de sannyasa, pese a todas las dificultades que se le presenten. Las dificultades surgen, por lo general, del hecho de tener que romper las relaciones familiares, de tener que abandonar la relación con la esposa y los hijos. Pero, si alguien es capaz de tolerar esas dificultades, es seguro que su senda hacia la iluminación espiritual se halla completa. De igual modo, a Arjuna se le aconseja perseverar en el desempeño de los deberes de un ksatriya, incluso si le es difÃcil pelear con sus familiares u otras personas tan queridas como ellos. El Señor Caitanya adoptó sannyasa a la edad de veinticuatro años, y las personas que dependÃan de Él —Su joven esposa y Su anciana madre— no tenÃan a nadie más que velara por ellas. Sin embargo, Él adoptó sannyasa por una causa superior, y se mantuvo firme en el desempeño de los deberes superiores. Ésa es la manera de lograr liberarse del cautiverio material.