yataḥ pravṛttir bhūtānāḿ
yena sarvam idaḿ tatam
sva-karmaṇā tam abhyarcya
siddhiḿ vindati mānavaḥ
yataḥ — de quien; pravá¹›ttiḥ — la emanación; bhÅ«tÄnÄm — de todas las entidades vivientes; yena — por quien; sarvam — todo; idam — esto; tatam — omnipresente en; sva-karmaá¹‡Ä â€” por sus propios deberes; tam — a Él; abhyarcya — adorando; siddhim — la perfección; vindati — alcanza; mÄnavaḥ — un hombre.
Como se afirma en el Decimoquinto CapÃtulo, todos los seres vivientes son partes integrales fragmentarias del Señor Supremo. En consecuencia, el Señor Supremo es el principio de todas las entidades vivientes. Eso se confirma en el Vedanta-sutra: janmady asya yatah. El Señor Supremo es, pues, el principio de la vida de cada entidad viviente. Y, como se declara en el Séptimo CapÃtulo del Bhagavad-gita, el Señor Supremo, por medio de Sus dos energÃas, Su energÃa externa y Su energÃa interna, es omnipresente. De modo que, se debe adorar al Señor Supremo con Sus energÃas. Por lo general, los devotos vaisnavas adoran al Señor Supremo con Su energÃa interna. Su energÃa externa es un reflejo desvirtuado de la energÃa interna. La energÃa externa es un trasfondo, pero el Señor Supremo, mediante la expansión de Su porción plenaria en forma de Paramatma, se encuentra en todas partes. Él es la Superalma de todos los semidioses, de todos los seres humanos, de todos los animales, en todas partes. Se debe saber, entonces, que uno, como parte integral del Señor Supremo, tiene el deber de prestarle servicio al Supremo. Todo el mundo debe dedicarse a prestarle servicio devocional al Señor con plena conciencia de Krsna. Eso se recomienda en este verso.
Todo el mundo debe pensar que Hrsikesa, el amo de los sentidos, lo ha puesto en un determinado tipo de ocupación. Y uno debe adorar a la Suprema Personalidad de Dios, Sri Krsna, con el resultado del trabajo al que se dedica. Si uno siempre piensa de esa manera, con plena conciencia de Krsna, entonces, por la gracia del Señor, se vuelve plenamente consciente de todo. Ésa es la perfección de la vida. El Señor dice en el Bhagavad-gita (12.7): tesam aham samuddharta. El propio Señor Supremo se encarga de liberar a esa clase de devoto. Ésa es la máxima perfección de la vida. En cualquier ocupación a la que se esté dedicado, si uno sirve al Señor Supremo, logrará la máxima perfección.