tān ahaḿ dviṣataḥ krūrān
saḿsāreṣu narādhamān
kṣipāmy ajasram aśubhān
āsurīṣv eva yoniṣu
tÄn — aquellos; aham — Yo; dviá¹£ataḥ — envidiosos; krÅ«rÄn — malévolos; saá¹sÄreá¹£u — en el océano de la existencia material; nara-adhamÄn — los más bajos de la humanidad; ká¹£ipÄmi — pongo; ajasram — para siempre; aÅ›ubhÄn — poco propicio; Äsurīṣu — demonÃacas; eva — ciertamente; yoniá¹£u — en los vientres.
En este verso se indica claramente que, la colocación de una determinada alma individual en un determinado cuerpo, es una prerrogativa de la voluntad suprema. Puede que la persona demonÃaca no esté de acuerdo en aceptar la supremacÃa del Señor, y es un hecho que puede que actúe según sus caprichos, pero su siguiente nacimiento dependerá de la decisión de la Suprema Personalidad de Dios, y no de sà misma. En el Srimad-Bhagavatam, Tercer Canto, se dice que un alma individual, después de morir, es puesta en el vientre de quien va a ser su siguiente madre, en donde adquiere un determinado tipo de cuerpo bajo la supervisión de un poder superior. Por eso en la existencia material encontramos muchÃsimas especies de vida: animales, insectos, hombres, etc. Todas las dispone el poder superior. Ellas no son accidentales. En cuanto a los seres demonÃacos, aquà se dice muy claro que a ellos se los pone perpetuamente en los vientres de demonios, y de esa manera continúan siendo envidiosos y lo más bajo de la humanidad. Esas especies de vida demonÃaca se considera que siempre están llenas de lujuria, y que siempre son violentas, rencorosas y sucias. Las muchas clases de cazadores que hay en la jungla, se dice que pertenecen a las especies de vida demonÃaca.