yac-cakṣur āsīt taraṇir deva-yānaḿ
trayīmayo brahmaṇa eṣa dhiṣṇyam
dvāraḿ ca mukter amṛtaḿ ca mṛtyuḥ
prasīdatāḿ naḥ sa mahā-vibhūtiḥ
yat — lo cual; cakṣuḥ — el ojo; āsīt — se volvió; taraṇiḥ — el dios del Sol; deva-yānam — la deidad regente de la senda de la liberación para los semidioses; trayī-mayaḥ — para servir de guía en el conocimiento védico karma-kāṇḍa; brahmaṇaḥ — de la verdad suprema; eṣaḥ — este; dhiṣṇyam — el lugar para la comprensión cabal; dvāram ca — así como la puerta; mukteḥ — para la liberación; amṛtam — la senda de la vida eterna; ca — así como; mṛtyuḥ — la causa de la muerte; prasīdatām — que Él Se complazca; naḥ — con nosotros; saḥ — esa Suprema Personalidad de Dios; mahā-vibhūtiḥ — el todopoderoso.
Al dios del Sol se le considera el principal de los semidioses. También se le considera el semidiós que observa el lado norte del universo. Él ayuda a entender los Vedas. Como se confirma en la Brahma-samhita (5.52):
yac-caksur esa savita sakala-grahanam
raja samasta-sura-murtir asesa-tejah
yasyajñaya bhramati sambhrta-kala-cakro
govindam adi-purusam tam aham bhajami
«El Sol, pleno de refulgencia infinita, es el rey de todos los planetas y la imagen del alma buena. El Sol es como el ojo del Señor Supremo. Yo adoro a Govinda, el Señor primigenio, en cumplimiento de cuya orden realiza su viaje el Sol, montado en la rueda del tiempo». El Sol es en realidad el ojo del Señor. En los mantras védicos se dice que, si la Suprema Personalidad de Dios no viese, nadie podría ver. Sin la luz del Sol, ninguna entidad viviente de ningún planeta podría ver. Por esa razón, al Sol se le considera el ojo del Señor Supremo. Esto se confirma en este verso con las palabras yac-caksur asit, y en la Brahma-samhita con las palabras yac-caksur esa savita. La palabra savita significa «el dios del Sol».