adrākṣam aham etaḿ te
hṛt-sāraḿ mahad-adbhutam
daḿśa-bhakṣita-dehasya
prāṇā hy asthiṣu śerate
adrākṣam — he visto personalmente; aham — yo; etam — esta; te — tuya; hṛt- sāram — capacidad de resistir; mahat — muy grande; adbhutam — maravillosa; daṁśa-bhakṣita — comido por gusanos y hormigas; dehasya — cuyo cuerpo; prāṇāḥ — el aire vital; hi — en verdad; asthiṣu — en los huesos; śerate — se refugia.
Según nos muestra el ejemplo personal de Hiranyakasipu, parece ser que el alma puede continuar existiendo incluso dentro de los huesos. Los grandes yogis en estado de samadhi pueden continuar con su existencia, en una posición trascendental, incluso después de haber sido enterrados y de que la piel, la médula, la sangre y todos los demás elementos de sus cuerpos hayan sido comidos. Les es suficiente con conservar los huesos. En fechas muy recientes, un arqueólogo ha publicado unos descubrimientos que revelan que el Señor Jesucristo, después de ser enterrado, salió de su sepultura y estuvo en Cachemira. Son muchos los ejemplos de yogis verdaderos que fueron enterrados mientras estaban en estado de trance, para ser desenterrados, vivos y en buenas condiciones, varias horas después. Los yogis pueden mantenerse vivos en un estado trascendental incluso después de haber estado enterrados, no sólo por muchos días, sino incluso durante muchos años.