tatra ha preta-bandhūnām
āśrutya paridevitam
āha tān bālako bhūtvā
yamaḥ svayam upāgataḥ
tatra — ahÃ; ha — ciertamente; preta-bandhÅ«nÄm — de los amigos y parientes del rey muerto; ÄÅ›rutya — escuchar; paridevitam — los lamentos en voz alta (tan alta que se podÃan oÃr desde el planeta de YamarÄja); Äha — dijo; tÄn — a ellas (las reinas que se lamentaban); bÄlakaḥ — un niño; bhÅ«tvÄ â€” volviéndose; yamaḥ — Yama- rÄja, el superintendente de la muerte; svayam — en persona; upÄgataḥ — después de ir.
A veces la entidad viviente se ve obligada a abandonar el cuerpo y a entrar en otro conforme a la sentencia de Yamaraja. Sin embargo, al alma condicionada le es difÃcil entrar en otro cuerpo si antes no se destruye el que tenÃa mediante la cremación o por cualquier otro medio. El ser vivo está apegado a su cuerpo actual y no desea entrar en otro; debido a ello, mientras no acepta un nuevo cuerpo, permanece en forma de fantasma. Si el ser vivo que ha abandonado el cuerpo ha llevado una vida piadosa, Yamaraja le ayudará proporcionándole otro cuerpo. En este caso, el ser vivo que habitaba en el cuerpo del rey tenÃa un cierto apego por ese cuerpo, y debido a ello, permanecÃa en forma de fantasma; Yamaraja, en un gesto de especial consideración, fue a ver personalmente a los parientes que se lamentaban, para instruirles. Para ello adoptó la forma de un niño, pues a los niños no se les cierra el paso y se les deja entrar en todas partes, incluso en el palacio de un rey. Además, el niño hablaba filosofÃa. La gente siente un gran interés por la filosofÃa cuando es un niño quien la expone.