kṛmi-viḍ-bhasma-niṣṭhāntaḿ
kvedaḿ tucchaḿ kalevaram
kva tadīya-ratir bhāryā
kvāyam ātmā nabhaś-chadiḥ
kṛmi — insectos, gérmenes; viṭ — excremento; bhasma — cenizas; niṣṭha — apego; antam — al final; kva — qué es; idam — éste (cuerpo); tuccham — muy insignificante; kalevaram — tabernáculo material; kva — qué es esa; tadīya-ratiḥ — atracción por el cuerpo; bhāryā — esposa; kva ayam — qué valor tiene este cuerpo; ātmā — el Alma Suprema; nabhaḥ-chadiḥ — omnipresente como el cielo.
En este verso se vuelve a insistir en el mismo punto: es necesario abandonar el apego por la esposa, o, en otras palabras, por la vida sexual. La persona inteligente puede darse cuenta de que el cuerpo de la esposa no es más que un montón de materia que, al final, acabará convertido en gusanos, excremento o cenizas. El tratamiento que se da al cuerpo humano en las ceremonias funerarias varía de una cultura a otra. En algunas culturas, por ejemplo, el cuerpo se deja a merced de los buitres, de modo que, en última instancia, acaba transformado en excremento de buitre. A veces, simplemente se abandona el cadáver; en ese caso, los gusanos dan cuenta de él. En otras sociedades, el cuerpo se quema inmediatamente después de la muerte, de modo que se vuelve cenizas. En todo caso, si nos paramos a considerar con inteligencia la constitución del cuerpo y del alma, que está más allá de él, ¿qué valor daremos al cuerpo? Antavanta ime deha nityasyoktah saririnah: El cuerpo puede perecer en cualquier momento, pero el alma es eterna. Si abandonamos el apego por el cuerpo y aumentamos nuestro apego por el alma espiritual, lograremos el éxito en la vida. Sólo es cuestión de reflexionar.