yena vā bhagavāḿs tuṣyed
dharma-yonir janārdanaḥ
samprasīdati vā yeṣām
etad ākhyāhi me 'nagha
yena — por el cual; vÄ â€” o bien; bhagavÄn — la Personalidad de Dios; tuá¹£yet — Se satisface; dharma-yoniḥ — el padre de toda religión; janÄrdanaḥ — el controlador de todos los seres vivientes; samprasÄ«dati — completamente satisfecho; vÄ â€” bien sea, o; yeá¹£Äm — de aquellos; etat — todos estos; ÄkhyÄhi — ten la bondad de describir; me — a mÃ; anagha — ¡oh, tú, el inmaculado!.
Todas las actividades religiosas están destinadas en fin de cuentas a satisfacer a la Suprema Personalidad de Dios. El Señor es el padre de todos los principios religiosos. Como se declara en la Bhagavad-gita (7.16), cuatro clases de hombres piadosos - el necesitado, el afligido, el iluminado y el inquisitivo - se dirigen al Señor a través del servicio devocional, y su devoción está mezclada con afecto material. Pero por encima de ellos se encuentran los devotos puros, cuya devoción no está teñida por ningún vestigio material de labor fruitiva ni conocimiento especulativo. Aquellos que durante todas sus vidas son únicamente malvados se comparan a demonios (Bg. 7.15). Están desprovistos de todo conocimiento, a pesar de cualquier carrera de educación académica que prosigan. Semejantes malvados nunca pueden aspirar a satisfacer al Señor.