nūnaḿ daivena vihatā
ye cācyuta-kathā-sudhām
hitvā śṛṇvanty asad-gāthāḥ
purīṣam iva viḍ-bhujaḥ
nūnam — ciertamente; daivena — por la ley del Señor; vihatāḥ — condenados; ye — aquellos que; ca — también; acyuta — del Señor infalible; kathā — relatos; sudhām — néctar; hitvā — habiendo abandonado; śṛṇvanti — escuchan; asat- gāthāḥ — historias de personas materialistas; purīṣam — excremento; iva — como; viṭ-bhujaḥ — comedores de excremento (cerdos).
Todo el mundo es adicto a escuchar acerca de las actividades de otras personas, bien sean éstas políticos, hombres ricos o personajes imaginarios cuyas actividades son creación novelesca. Existen muchísimas obras literarias sin sentido, cuentos, y libros de filosofía especulativa. Los materialistas tienen un gran interés en leer ese tipo de literatura, pero cuando les presentamos auténticos libros de conocimiento, como el Srimad-Bhagavatam, la Bhagavad-gita, el Visnu Purana u otras Escrituras del mundo, como la Biblia y el Corán, no les interesa. Esas personas son condenadas por orden suprema tal como lo son los cerdos. A los cerdos les interesa comer excremento. Si les ofrecemos un delicioso manjar hecho de leche condensada o ghi, no les gustará: preferirían excremento asqueroso y maloliente; eso sí que les parecería muy delicioso. La consideración de que las personas materialistas están condenadas viene de que están interesadas en actividades infernales y no en actividades trascendentales. El mensaje de las actividades del Señor es néctar, y, aparte de ese mensaje, cualquier otra información en que podamos estar interesados es, en realidad, infernal.