yopayāti śanair māyā
yoṣid deva-vinirmitā
tām īkṣetātmano mṛtyuḿ
tṛṇaiḥ kūpam ivāvṛtam
yÄ â€” aquella que; upayÄti — se acerca; Å›anaiḥ — lentamente; mÄyÄ â€” representación de mÄyÄ; yoá¹£it — mujer; deva — por el Señor; vinirmitÄ â€” creada; tÄm — a ella; Ä«ká¹£eta — se debe considerar; Ätmanaḥ — del alma; má¹›tyum — la muerte; tṛṇaiḥ — con hierba; kÅ«pam — un pozo; iva — como; Ävá¹›tam — cubierto.
Sucede a veces que la hierba tapa un pozo abandonado; cuando un viajero descuidado que no sabe de su existencia cae en él, su muerte es segura. De la misma manera, la relación con una mujer comienza cuando se acepta su servicio, pues la mujer ha sido creada especialmente por el Señor para ofrecer servicio al hombre. Al aceptar ese servicio, el hombre queda atrapado. Si no es lo bastante inteligente como para saber que ella es la puerta que conduce a la vida infernal, tal vez se recree en su compañÃa de un modo muy liberal. Para los que aspiran a ascender al nivel trascendental, esa relación está restringida. Hace tan sólo cincuenta años, en la sociedad hindú todavÃa estaban vigentes esas restricciones. La esposa no podÃa ver al esposo durante el dÃa. Los casados incluso vivÃan en habitaciones distintas. En su residencia, las habitaciones interiores eran para la mujer, y las exteriores para el hombre. Aceptar el servicio que ofrece una mujer puede parecer muy agradable, pero hay que tener mucha cautela con ese servicio, porque se dice claramente que la mujer es la puerta que conduce a la muerte, al olvido del propio ser. Obstruye el sendero de la iluminación espiritual.