vedāham ādyaḿ puruṣam
avatīrṇaḿ sva-māyayā
bhūtānāḿ śevadhiḿ dehaḿ
bibhrāṇaḿ kapilaḿ mune
veda — sé; aham — yo; ādyam — el original; puruṣam — disfrutador; avatīrṇam — encarnado; sva-māyayā — por medio de Su propia energía interna; bhūtānām — de todas las entidades vivientes; śevadhim — aquel que concede todo lo que se desea, y que es como un gran tesoro; deham — el cuerpo; bibhrāṇam — adoptando; kapilam — Kapila Muni; mune — ¡oh, sabio Kardama!.
En este verso encontramos las palabras purusam avatirnam sva-mayaya. La Suprema Personalidad de Dios es, eterna y perdurablemente, la forma del purusa, el predominador o disfrutador, y cuando adviene, nunca acepta nada de la energía material. El mundo espiritual es una manifestación de Su potencia personal interna, mientras que el mundo material es una manifestación de Su energía material o diferenciada. La palabra sva-mayaya, «por Su propia potencia interna», indica que la Suprema Personalidad de Dios, cuando desciende, viene en Su propia energía. Puede asumir un cuerpo de ser humano, pero ese cuerpo no es material. Por esa razón en la Bhagavad-gita se afirma claramente que sólo los necios y desvergonzados, los mudhas, consideran el cuerpo de Krsna como el de un ser humano corriente. La palabra sevadhim significa que Él es originalmente quien concede a las entidades vivientes todo lo que necesitan para vivir. En los Vedas se afirma también que Él es la entidad viviente principal, y que concede a las demás entidades vivientes todas aquellas cosas necesarias que puedan desear. Como Él es quien concede a todos los demás lo que necesitan, se Le llama Dios. El Supremo también es una entidad viviente; no es impersonal. Al igual que nosotros, que somos seres individuales, la Suprema Personalidad de Dios también es individual, pero Él es el ser individual supremo. Ésa es la diferencia entre Dios y las entidades vivientes comunes.