tvaḿ naḥ sapatnair abhavāya kiḿ bhṛto
yo māyayā hanty asurān parokṣa-jit
tvāḿ yogamāyā-balam alpa-pauruṣaḿ
saḿsthāpya mūḍha pramṛje suhṛc-chucaḥ
tvam — Tú; naḥ — a nosotros; sapatnaiḥ — por nuestros enemigos; abhavāya — por matar; kim — es que; bhṛtaḥ — mantenido; yaḥ — aquel que; māyayā — con engaños; hanti — mata; asurān — a los demonios; parokṣa-jit — quien venció permaneciendo invisible; tvām — Tú; yogamāyā-balam — cuya fuerza es el poder de confundir; alpa-pauruṣam — cuyo poder es escaso; saṁsthāpya — tras matar; mūdha — necio; pramṛje — yo voy a liquidar; suhṛt-śucaḥ — el dolor de mis parientes.
El demonio usó la palabra abhavaya, que significa: «para matar». Sridhara Svami comenta que este «matar» quiere decir liberar o, en otras palabras, matar el proceso de nacimientos y muertes continuados. El Señor mata el proceso del nacimiento y la muerte y se mantiene invisible. Las actividades de la potencia interna del Señor son inconcebibles, pero, con una leve demostración de esa potencia, el Señor, por Su gracia, puede liberar de la nesciencia. Sucah quiere decir: «miserias»; el Señor puede extinguir las miserias de la existencia material por medio de Su energía potencial de yogamaya interna. En los Upanisads (Svetasvatara Up. 6.8) se afirma: parasya saktir vividhaiva sruyate. A los ojos del hombre común, el Señor es invisible, pero Sus energías actúan de diversas maneras. Cuando las cosas les son adversas, los demonios piensan que Dios Se esconde y actúa por medio de Su potencia mística. Creen que, si pueden encontrar a Dios, podrán matarle con tan sólo verle. Hiranyaksa pensaba de esta manera, y desafió al Señor: «Has hecho un daño tremendo a nuestra comunidad, poniéndote de parte de los semidioses, y de muchos modos has matado a nuestros parientes, siempre manteniéndote oculto. Ahora Te veo frente a frente, y no Te voy a dejar marchar. Voy a matarte y a salvar a mis parientes de Tus fechorías místicas».
Los demonios siempre ansían matar a Dios, no sólo con palabras y filosofía, sino que creen que, si se es poderoso materialmente, se puede matar a Dios con armas materialmente fatales. Demonios como Kamsa, Ravana e Hiranyakasipu creían de sí mismos que eran lo bastante poderosos como para matar incluso a Dios. Los demonios no pueden entender que Dios, con Sus muy diversas potencias, puede actuar tan maravillosamente que puede estar presente en todas partes y, aun así, permanecer en Su morada eterna, Goloka Vrndavana.