atropasṛṣṭam iti cotsmitam indirāyāḥ
svānāḿ dhiyā viracitaḿ bahu-sauṣṭhavāḍhyam
mahyaḿ bhavasya bhavatāḿ ca bhajantam ańgaḿ
nemur nirīkṣya na vitṛpta-dṛśo mudā kaiḥ
atra — aquí, en cuestión de belleza; upasṛṣṭam — doblegado; iti — así; ca — y; utsmitam — el orgullo por su belleza; indirāyāḥ — de la diosa de la fortuna; svānām — de Sus propios devotos; dhiyā — por la inteligencia; viracitam — meditado en; bahu-sauṣṭhava-āḍhyam — muy hermosamente adornada; mahyam — de mí; bhavasya — de Śiva; bhavatām — de todos vosotros; ca — y; bhajantam — adorado; aṅgam — la imagen; nemuḥ — postrados; nirīkṣya — tras ver; na — no; vitṛpta — saciados; dṛśaḥ — ojos; mudā — llenos de júbilo; kaiḥ — mediante sus cabezas.
La belleza del Señor era tan encantadora que no podría ser suficientemente descrita. Se admite que la diosa de la fortuna es la visión más hermosa que se pueda tener en el ámbito de las creaciones material y espiritual del Señor; ella se da cuenta de que es la más hermosa, pero, a pesar de ello, cuando el Señor apareció, su belleza fue derrotada. En otras palabras, la belleza de la diosa de la fortuna pasa a segundo término en presencia del Señor. Lo expresan los poetas vaisnavas diciendo que la belleza del Señor es tan encantadora que derrota a cientos de miles de Cupidos. Por eso se Le llama Madana-mohana. También se describe que el Señor enloquece a veces en pos de la belleza de Radha- rani. Los poetas cuentan que en esas circunstancias, aunque Sri Krsna es Madana- mohana, Se vuelve Madana-daha, encantado por la belleza de Radharani. En realidad la belleza del Señor es superexcelente, sobrepasa incluso la de Laksmi de Vaikuntha. Los devotos del Señor que viven en los planetas Vaikunthas quieren ver al Señor como el más hermoso, pero los devotos de Gokula o Krsnaloka quieren ver a Radharani como más hermosa que Krsna. Para conciliar esto, el Señor, que es bhakta-vatsala, aquel que quiere complacer a Sus devotos, adopta unos rasgos que puedan complacer a devotos como Brahma, Siva y otros semidioses. También aquí, para los sabios-devotos, los Kumaras, el Señor apareció con Su aspecto sumamente hermoso, y ellos continuaron viéndole sin saciarse, y querían seguir viéndole más y más.