yac ca vrajanty animiṣām ṛṣabhānuvṛttyā
dūre yamā hy upari naḥ spṛhaṇīya-śīlāḥ
bhartur mithaḥ suyaśasaḥ kathanānurāga-
vaiklavya-bāṣpa-kalayā pulakī-kṛtāńgāḥ
yat — Vaikuṇṭha; ca — y; vrajanti — van; animiṣām — de los semidioses; ṛṣabha — principal; anuvṛttyā — siguiendo los pasos; dūre — guardando una distancia; yamāḥ — principios regulativos; hi — ciertamente; upari — encima; naḥ — de nosotros; spṛhaṇīya — ser deseado; śīlāḥ — buenas cualidades; bhartuḥ — del Señor Supremo; mithaḥ — el uno por el otro; suyaśasaḥ — glorias; kathana — por conver- saciones, discursos; anurāga — atracción; vaiklavya — éxtasis; bāṣpa-kalayā — lágrimas en los ojos; pulakī-kṛta — estremeciendo; aṅgāḥ — cuerpos.
Aquí se afirma claramente que el reino de Dios está por encima de los universos materiales. Tal como por encima de esta Tierra hay muchos cientos de miles de planetas más elevados, también hay muchos millones y billones de planetas espirituales que pertenecen al cielo espiritual. Brahmaji declara aquí que el reino espiritual está por encima del reino de los semidioses. Se puede entrar al reino del Señor Supremo sólo cuando en la persona hay un alto desarrollo de las cualidades deseables. Toda buena cualidad se desarrolla en la persona del devoto. Se establece en el verso 12 del Capítulo Decimoctavo del Canto Quinto del Srimad-Bhagavatam que cualquiera que sea consciente de Krsna está dotado de todas las buenas cualidades de los semidioses. En el mundo material se tienen en alta consideración las cualidades de los semidioses, tal como, incluso en nuestro ámbito de experiencia, las cualidades de un caballero gozan de mayor aprecio que las cualidades de un hombre ignorante o de un hombre que se encuentra en una condición de vida inferior. Las cualidades de los semidioses de los planetas superiores están muy por encima de las cualidades de los habitantes de esta Tierra.
Brahmaji, con esto, confirma que sólo las personas que han desarrollado las cualidades deseables pueden entrar en el reino de Dios. En el Caitanya- caritamrita, se describen las cualidades que son de desear en el devoto, en número de veintiséis. Se enumeran como sigue: es muy bondadoso; no riñe con nadie; acepta que la conciencia de Krsna es la meta más elevada en la vida; es ecuánime; nadie puede encontrar defectos en su carácter; es magnánimo, dócil, y siempre limpio, tanto interna como externamente; no afirma poseer nada en este mundo material; es un benefactor de todas las entidades vivientes; es pacífico y un alma completamente entregada a Krsna; no tiene deseos materiales que satisfacer; es manso y humilde, siempre estable, y ha conquistado las actividades de los sentidos; no come más que lo que se necesita para que el cuerpo y el alma sigan unidos; nunca enloquece persiguiendo renombre material; es respetuoso con los demás y no exige respeto para sí; es muy grave, muy compasivo y muy amistoso; es poético; es experto en toda clase de actividades, y no habla necedades. De modo parecido, en el verso 21 del Capítulo Vigésimo quinto del Canto Tercero del Srimad-Bhagavatam, se mencionan las virtudes de una persona santa. Se dice allí que una persona santa, candidata para entrar en el reino de Dios, es muy tolerante y muy bondadosa con todas las entidades vivientes. No es parcial; es bueno tanto con los seres humanos como con los animales. No es un necio de los que van a matar una cabra Narayana para dar de comer a un humano Narayana, o daridra-narayana. Es muy bondadoso con todas las entidades vivientes; no tiene, en consecuencia, enemigos. Es muy pacífico. Éstas son las cualidades de las personas candidatas para entrar en el reino de Dios. El verso 2 del Capítulo Quinto del Canto Quinto del Srimad-Bhagavatam corrobora que una persona así se libera gradualmente y entra en el reino de Dios. También el verso 24 del Capítulo Tercero del Canto Segundo del Srimad-Bhagavatam afirma que, si una persona no llora ni exhibe cambios en su cuerpo tras cantar el santo nombre de Dios sin ofensas, debe entenderse que es dura de corazón y que, por esta causa, su corazón no cambia ni siquiera tras cantar el santo nombre de Dios, Hare Krsna. Estos cambios en el cuerpo pueden tener lugar debido al éxtasis cuando cantamos sin ofensas los santos nombres de Dios: Hare Krsna, Hare Krsna, Krsna Krsna, Hare Hare/ Hare Rama, Hare Rama, Rama Rama, Hare Hare.
Cabe señalar que hay diez ofensas que se deben evitar. La primera ofensa es menospreciar a personas que intentan en sus vidas difundir las glorias del Señor. La gente debe ser educada en la comprensión de las glorias del Supremo; por esta causa los devotos que se ocupan en predicar las glorias del Señor no deben ser nunca menospreciados. Ésta es la mayor de las ofensas. Además, el santo nombre de Visnu es el nombre más auspicioso, y Sus pasatiempos tampoco son diferentes del santo nombre del Señor. Hay muchas personas necias que dicen que se puede cantar Hare Krsna o cantar el nombre de Kali o Durga o Siva, porque son todos iguales. Si se considera que el santo nombre de la Suprema Personalidad de Dios y los nombres y actividades de los semidioses están al mismo nivel, o si se acepta que el santo nombre de Visnu es una vibración sonora material, esto es también una ofensa. La tercera ofensa es pensar que el maestro espiritual que propaga las glorias del Señor es un ser humano común. La cuarta ofensa es considerar que las Escrituras védicas, como los Puranas u otras Escrituras reveladas trascendentalmente, son libros ordinarios de conocimiento. La quinta ofensa es pensar que los devotos han dado importancia artificial al santo nombre de Dios. El hecho real es que el Señor no es diferente de Su nombre. La comprensión más elevada de valía espiritual es cantar el santo nombre de Dios, como para esta era se establece: Hare Krsna, Hare Krsna, Krsna Krsna, Hare Hare/ Hare Rama, Hare Rama, Rama Rama, Hare Hare. La sexta ofensa es dar al santo nombre de Dios alguna interpretación. La séptima ofensa es actuar de manera pecaminosa amparándose en el canto del santo nombre de Dios. Se entiende que es posible liberarse de toda reacción pecaminosa por el mero hecho de cantar el santo nombre de Dios, pero si se piensa que, por ello, se está en libertad para cometer toda clase de actos pecaminosos, éste es un signo de ofensa. La octava ofensa es equiparar el canto de Hare Krsna con otras actividades espirituales, como meditación, austeridad, penitencia o sacrificio. No se pueden equiparar a ningún nivel. La novena ofensa es glorificar específicamente la importancia del santo nombre frente a personas que no tienen interés. La décima ofensa es estar apegado al concepto erróneo de la posesión de algo, o aceptar el cuerpo como el propio yo, mientras se pone en práctica el proceso del cultivo espiritual.
Cuando la persona está libre de todas estas diez ofensas en el canto del santo nombre de Dios, desarrolla las peculiaridades extáticas corporales denominadas pulakasru. Pulaka quiere decir: «signos de felicidad», y asru quiere decir: «lágrimas en los ojos». Los signos de felicidad y lágrimas en los ojos deben aparecer en una persona que ha cantado el santo nombre sin ofensas. Se afirma aquí, en este verso, que aquellos que manifiestan realmente los signos de felicidad y lágrimas en los ojos al cantar las glorias del Señor son candidatos para entrar en el reino de Dios. En el Caitanya-caritamrta se dice que, si no se manifiestan esos signos al cantar Hare Krsna, hay que deducir que todavía se cometen ofensas. El Caitanya-caritamrta sugiere un buen remedio para esto. En el verso 31 del Capítulo Octavo del Ādi-lila se dice que, si nos refugiamos en Sri Caitanya y, simplemente, cantamos el santo nombre del Señor, Hare Krsna, nos liberamos de toda ofensa.