yathā nabhasi meghaugho
reṇur vā pārthivo 'nile
evaḿ draṣṭari dṛśyatvam
āropitam abuddhibhiḥ
yathÄ â€” tal como es; nabhasi — en el cielo; megha-oghaḥ — una masa de nubes; reṇuḥ — polvo; vÄ â€” asà como también; pÄrthivaḥ — turbulencia; anile — en el aire; evam — de esa manera; draá¹£á¹ari — al que ve; dṛśyatvam — con el propósito de ver; Äropitam — se supone; abuddhibhiḥ — por las personas poco inteligentes.
Aquà se confirma, además, que con nuestros ojos y sentidos materiales no podemos ver al Señor, el cual es todo espÃritu. Ni siquiera podemos detectar la chispa espiritual que existe dentro del cuerpo material del ser viviente. Nosotros miramos la cobertura externa del cuerpo o la mente sutil del ser viviente, pero no podemos ver la chispa espiritual que está dentro del cuerpo. Asà que tenemos que aceptar la presencia del ser viviente en virtud de la presencia de su cuerpo burdo. De igual manera, a aquellos que quieren ver al Señor con sus actuales ojos materiales o con los sentidos materiales, se les aconseja meditar en el gigantesco aspecto externo denominado el virat-rupa. Por ejemplo, cuando un cierto caballero va en su automóvil, el cual puede ser visto muy fácilmente, identificamos el automóvil con el hombre que va dentro. Cuando el Presidente sale en su vehÃculo particular, decimos: “Ahà está el Presidenteâ€. Temporalmente, identificamos el automóvil con el Presidente. De igual modo, a los hombres poco inteligentes que quieren ver a Dios cuanto antes sin la aptitud necesaria para ello, se les muestra primero como la forma del Señor es el gigantesco cosmos material, aunque el Señor está dentro y fuera. El ejemplo de las nubes del cielo y el azul del cielo puede ayudarnos a entender esto mejor. Aunque el tinte azulado del cielo y el propio cielo son diferentes, creemos que el color del cielo es azul. Pero ése es un concepto general, únicamente para el profano.